METÁFORA METABÓLICA: LA MÁQUINA DE VAPOR

METÁFORA METABÓLICA: LA MÁQUINA DE VAPOR

Últimamente, por fortuna, estamos viendo cada vez más noticias y estudios científicos que asocian la cantidad de masa muscular (y de “fuerza”, entre comillas) y la capacidad cardiorrespiratoria de una persona con su salud o su menor riesgo de desarrollar patologías cardiovasculares, metabólicas, energéticas, cáncer…[1,2].

Pues bien, para los no tan entendidos, voy a desarrollar lo que yo llamo “la metáfora metabólica”, que no es otra cosa que tratar de explicar, de manera didáctica a nuestros alumnos/deportistas/pacientes (como hago con los míos), el funcionamiento de nuestro metabolismo, haciendo un símil con una máquina de vapor.

FUNCIONAMIENTO

Nuestro metabolismo tiene (hablando a grandes rasgos y simplificando) dos fases/procesos y varios sistemas, factores y/o sustancias que lo modulan de los que hablaré brevemente al final del post.

Fases: 

  • Anabolismo: cuando el organismo crea, sintetiza y repara estructuras.
  • Catabolismo: cuando el organismo descompone o rompe macromoléculas (principalmente alimentos).

Lo primero de todo que tenemos que hacer es entender o ver el músculo (fibras o células musculares -los hay de varios tipos: esquelético, cardiaco…-) como una máquina de vapor. Cuanto más grande es (dentro de unos límites razonables, hablando de músculo esquelético -el de los brazos y pectorales-, que nadie se vaya a hacer culturista para ser más saludable) más cabe y más quema, y cuanto más “caliente” o activo es, más eficiente o a mayor velocidad hace la combustión (mencionar aquí que el gasto energético que representa el músculo esquelético es una parte, más o menos pequeña, del gasto energético total, que incluye el sistema nervioso, órganos y otras estructuras…).

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Cuando la máquina es pequeña y no funciona bien o no está muy activa (es sedentaria), el combustible planteado (suele ser de más, respecto al necesario en condiciones “óptimas”) para su funcionamiento se queda almacenado fuera en forma de tejido adiposo (GRASA, coloquialmente redactando). Lo mismo ocurre cuando recogemos más combustible del que la máquina puede quemar, tanto por la propia capacidad como por la propia velocidad de combustión, que no da para más.

Cuando la máquina es grande y funciona bien, podemos meter combustible sin problema (“del que había previsto en condiciones “óptimas”) y “difícilmente” vamos a almacenarlo en la recámara si tenemos también un ritmo adecuado de combustión (lo cuál sucede casi a la par) y de recolección de combustible.

*Si la máquina funciona bien y metemos más de lo que se utiliza, haciendo un buen trabajo o entrenamiento, se puede utilizar el combustible, aparte de para cubrir nuestras necesidades energéticas, para construir más máquina (masa muscular, a través de un proceso comúnmente llamado hipertrofía -síntesis de proteínas para los más puestos-).

Si tenemos menos combustible del que la máquina necesita, se genera un déficit (calórico, en el organismo) así que la máquina (en la de hierro no pasa exactamente así, jeje) comienza a utilizar como combustible lo que tiene dentro: almacenes que no habían sido quemados (grasa) o la propia estructura (músculo). En el organismo, si mantenemos la máquina funcionando (contrayendo el músculo, por ejemplo, con ejercicios de fuerza), cuando hay un déficit cogerá lo más inútil o prescindible, mejor dicho: la grasa o siendo exactos, el tejido adiposo (porque la grasa, en sus formas más simples, es necesaria para la supervivencia de las células).

A groso modo, esto es lo que ocurre con nuestro metabolismo en nuestro cuerpo. Si tenemos en cuenta que cada organismo es un mundo, entran en escena los moduladores. Por ejemplo, el entorno hormonal y la “funcionalidad” de nuestro músculo.

CONDICIONANTES

Hay numerosas hormonas, proteínas y otros sistemas y procesos que regulan cómo, qué y en qué forma se almacena lo que sobra. También afecta enormemente el cuándo.

La insulina es una de las principales hormonas (entre muchas otras) que se encarga del almacenamiento (la glucosa en sangre en glucógeno, combustible cuasi inmediato de nuestro músculo, o en tejido adiposo). La capacidad que tenemos de segregarla y en qué cantidad, determinan el grado de eficiencia, así como la sensibilidad de nuestros tejidos para captarla (qué cantidad de insulina se necesita para la misma cantidad de combustible).

Esta hormona, junto con muchas otras, está regulada por los ciclos luz-oscuridad (cronobiología: ciencia que estudio estos ritmos). Nuestro organismo es más sensible a la insulina por el día, en presencia de luz, y lo es menos por la noche, con oscuridad [3]. Por eso, actualmente se da tanta importancia al “timing” u hora a la que se ingieren los alimentos [4] aunque muchas veces se le de una importancia menor y, aunque probablemente no sea la prioridad número 1 a cuidar/modificar ya que mientras el balance energético sea positivo y la relación de la persona con la comida dis-funcional o incluso cuasi-patológica, tiene su importancia. 

De igual manera, otras hormonas y procesos se expresan por el día y otros por la noche. Resumiendo de manera entendible: por el día, el cuerpo descompone estructuras y acumula desechos de estos y otros procesos; por la noche, el cuerpo crea estructuras y recicla o des-oxida los desechos. De ahí que siempre se hable de la importancia del descanso para la recuperación, más si cabe en el deporte, más todavía cuando el deporte requiere de aumentar la masa muscular (pequeño apunte: la hormona del crecimiento tiene su pico máximo de concentración durante la noche, así como la melatonina, hormona antioxidante).

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Por último, dependiendo de qué tipo de combustible le echemos según las necesidades que tenga la máquina, estos factores modularán de una manera u otra: proteínas, carbohidratos o grasas que, dependiendo de las necesidades y objetivos de nuestro organismo, deberán recogerse en mayor o menor proporción, pero entendamos que todos esos macronutrientes son necesarios y buenos según las circunstancias.

Lo que sí suele ser totalmente prescindible es echarle a la máquina combustible del malo (alimentos ultraprocesados) porque no aporta nada a la máquina y producen mucha energía sin que tengan mucha utilidad: sería como echarle al fuego alcohol (nunca mejor dicho), que produce una llamarada sin que cocine o se utilice para nada productivo. Si bien es verdad, lo que realmente producen estos alimentos basura o ultraprocesados es hiperfagia (comer mucho más de lo necesario dado al pequeño volumen y sensación de saciedad que aportan, aparte de estimular áreas relacionadas con el placer que hacen de ellos adictivos e hiperpalatables al gusto), porque en realidad, si reducimos a lo mínimo y siendo coherentes con la física y la química básica-molecular, la energía es energía ya venga de un terrón de azúcar o de una coliflor al vapor.

CONCLUSIÓN (ya sin metáfora)

La nutrición y el ejercicio físico son las principales armas de las que disponemos para mejorar la masa muscular [5]. Nuestro organismo ha de tener una masa muscular en una proporción adecuada y de calidad, que funcione bien y esto no se produce de de otra manera que practicando actividad física (desplazándonos activamente) o realizando ejercicio físico de una manera más o menos sistemática (entrenando). 

Dependiendo de los requerimientos que tenga la máquina en base a esto, necesitará de un tipo de macronutrientes u otros, que saldrán de una correcta selección de los alimentos que ingerimos, siempre y cuando estos sean de calidad y sean alimentos de verdad.

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[1] Hong S, Chang Y, Jung HS, Yun KE, Shin H, Ryu S. Relative muscle mass and the risk of incident type 2 diabetes: A cohort study. PLoS One 2017;12:1–13. doi:10.1371/journal.pone.0188650.

[2] Hart PD, Buck DJ. The effect of resistance training on health-related quality of life in older adults: Systematic review and meta-analysis. Heal Promot Perspect 2019;9:1–12. doi:10.15171/hpp.2019.01.

[3] Stenvers DJ, Scheer FAJL, Schrauwen P, la Fleur SE, Kalsbeek A. Circadian clocks and insulin resistance. Nat Rev Endocrinol 2019;15:75–89. doi:10.1038/s41574-018-0122-1.

[4] Sofer S, Stark AH, Madar Z. Nutrition targeting by food timing: time-related dietary approaches to combat obesity and metabolic syndrome. Adv Nutr 2015;6:214–23. doi:10.3945/an.114.007518.

[5] McGlory C, van Vliet S, Stokes T, Mittendorfer B, Phillips SM. The impact of exercise and nutrition on the regulation of skeletal muscle mass. J Physiol 2019;597:1251–8. doi:10.1113/JP275443.

LAS ENFERMEDADES METABÓLICAS COMO MECANISMO DE ADAPTACIÓN AL ENTORNO ADAPTADO

LAS ENFERMEDADES METABÓLICAS COMO MECANISMO DE ADAPTACIÓN AL ENTORNO ADAPTADO

En el área de la salud, a la cual me dedico por hobby, por trabajo y por estudios de investigación, hay una cosa que todos vemos sólo con abrir los ojos o, más claramente, si abrimos un libro o una base de datos epidemiológica o de salud pública: las enfermedades metabólicas están a la orden del día.

Hay un incremento alarmante de enfermedades metabólicas (evidentes, como la diabetes, obesidad, enfermedad mitocondrial y otras menos, como el cáncer o ¿presentes en las mentales?) y una reducción significativa de los niveles de actividad física en el homo sapiens.

Sin hacer siquiera un análisis estadístico, se ve una relación inversamente proporcional, así hablando en plata y mal.

Dicho esto, voy a tratar de dar un punto de vista poco usual, resultado de mis últimas lecturas, investigaciones y revisiones de literatura científica en este ámbito. Prometo no dar muchas referencias y ser lo más divulgativo posible sin perder en lenguaje técnico.

Mientras que el entorno ha cambiado radicalmente desde la revolución industrial, y más concretamente desde hace 20-30 años, nuestro genoma (Imagen 1) parece seguir intacto desde hace aproximadamente unos 10.000 años [1], y es lógico pensar que no ha cambiado en los últimos 40-50. No le ha dado tiempo al pobre ☹

Imagen 1. Mapa del genoma

Probablemente, hemos evolucionado (adaptado) nuestro entorno mucho más rápido de lo que nos hemos adaptado nosotros a él. Esto, desde la perspectiva evolutiva, y casi desde cualquier perspectiva, es un disparate tan grande como las tasas de enfermedades crónicas que estamos viviendo (muy bien traído, por cierto, jeje).

En esa época, nuestros antepasados no desarrollaban conductas sedentarias tan alarmantes como la nuestra (Imagen 2); hacían más ejercicio y no disponían de comida durante cada minuto del día, ni tan siquiera todos los días. Y no porque no quisieran, sino porque no podían. Porque no tenían las herramientas que tenemos ahora. Si hubiesen estado aquí y ahora, en el ambiente occidental, habrían caído en la trampa, lo mismo que sus formas, a priori, evolucionadas.

Imagen 2. Niveles evolutivos de Actividad Física

Pues bien, mientras nuestros genes están “programados” para periodos de ayuno y para resistir niveles altos de actividad física, los seres humanos modernos les ofrecemos justamente todo lo contrario: sedentarismo, supéravit calórico constante y una frecuencia desproporcionada de ingesta de alimentos.

Tenemos genes específicos (y que se deben activar con facilidad) para el ahorro energético y la acumulación de tejido adiposo [2]. Sin embargo, aunque ya de por sí ahorradores, seguimos desarrollando conductas para aumentar nuestras reservas cuando no las gastamos (ni siquiera las solemos requerir) de manera que esos tejidos de reserva compiten con otros tejidos por la energía que le damos a nuestro organismo [3].

Así, las células se vuelven disfuncionales (especialmente mis queridas mitocondrias, que se mueren al no ser solicitadas, sniff), se crea inflamación en el cuerpo y viven felices y libres diferentes especies reactivas del oxígeno (comúnmente llamadas radicales libres). Esto, sumado a la inactividad física, contribuye a vivir inflamados, resistentes a la insulina, obesos y cognitivamente menos eficientes (“el hambre agudiza el ingenio”, es un refrán que me encanta y respaldado por las últimas investigaciones relacionadas con el ayuno intermitente, que las hay a patadas). La realidad es que estas enfermedades o disfunciones metabólicas no son tales (y me permito esta licencia poética terminológica) sino que son meros mecanismos adaptativos del organismo al ambiente que hemos creado (e hipotetizo que nuestros genes se modificarán en función de estas conductas si les damos el tiempo suficiente y se reproducen los sujetos que son más representativos de ellas).

Uno de los mecanismos que mejor combate estas desadaptaciones, es el ejercicio. La actividad física (recordemos que antes, los niveles eran sustancialmente mayores que los que presenta el ser humano moderno, animal de oficina y sofá) contribuía a mantener el organismo eficiente y saludable, gracias a sus efectos antioxidantes (a través de la activación de diferentes vías de señalización, cuyo resultado final, por ejemplo, el glutatión, se encarga de hacer “aniquilar” esos radicales libres), gracias a la secreción de diferentes mioquinas anti-inflamatorias (familia de ILs) y la secreción de otras sustancias endocrinas que comúnmente desconocemos porque, desafortunadamente, todavía hoy se piensa que el músculo esquelético es meramente una estructura que hace que nos movamos, cuando en la realidad, es el mayor órgano endocrino que tenemos en el cuerpo [4], responsable de la liberación de una gran cantidad de sustancias que permiten la salud (IGF-1, BDNF, IL-6, irisina…) y regulan la actividad de casi la totalidad de tejidos del resto del cuerpo (Imagen 3).

Imagen 3. Músculo: órgano endocrino.

Junto a los comportamientos aberrantes relacionados con la actividad física y la alimentación-nutrición, la falta de estresores agudos ambientales, tales como la exposición al frío, al calor, a la sequía, a la hipoxia…para los cuales, también parece que estamos preparados, facilita que mantengamos ese estado inflamatorio e hipo-metabólico [5] presente en las enfermedades metabólicas.

Estos estresores cuando son aplicados de manera adecuada y aguda (dosis-respuesta bifásica), tienen un efecto hormético (generan beneficios para la salud debido a la adaptación que produce la exposición a ellos), ya que producen la activación de otras vías de señalización “antioxidantes” naturales, como es el N-erythroid derived-related factor 2 (Nrf2) encargado de regular la función de más de 270 genes relacionados con mecanismos adaptativos a través de sustancias antioxidantes y/o que permiten el crecimiento de los tejidos.

Una investigación muy interesante titulada “Study of Origin” en la cual, un grupo de personas fue evaluado de diferentes marcadores de salud tales como insulina, glucosa y composición corporal entre otros, tras vivir 10 días como “primitivos” (más o menos, con sus sacos de dormir y otras comodidades como se relata en la metodología del estudio) en los Pirineos Catalanes [6]. Muchas de estas variables metabólicas y antropométricas mejoraron sustancialmente, resultados prometedores pese a las limitaciones metodológicas que presentaba.

CONCLU-RESUMEN

En definitiva, y para concluir, el establecimiento del sedentarismo y la falta de retos y estreses ambientales breves como hábitos de vida no parecen ser una buena estrategia para mantener unos niveles óptimos de salud, mas si cabe, cuando ni siquiera estamos programados para ello.

Ejercicio de intensidad suficiente, ayuno intermitente, exposición al frío-calor, hipoxia, hipercapnia….estos comportamientos o retos, en cambio, sí parece que se muestran efectivos para los objetivos que habitualmente nos planteamos en el marco de la salud óptima y de la vida feliz y llena de unicornios y ardillas hipersaturadas de colores brillantes que nos prometen en la tele, mientras que a la vez nos ofrece estar sentados en el sofá comiendo harina con azúcar y aceite (galletas) durante todo el día.

Nota mental: para prevenir las enfermedades metabólicas parece obvio que hay que cambiar el estilo de vida, y que funciona mejor cambiar el entorno que intentar cambiarnos a nosotros mismos en base a nuestra fuerza de voluntad (concepto que no tengo del todo claro que exista como tal).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1]         Nesse RM. How is Darwinian medicine useful? West J Med 2001;174:358–60. doi:10.1136/ewjm.174.5.358.

[2]         Chakravarthy M V, Booth FW. Eating , exercise , and “ thrifty ” genotypes : connecting the dots toward an evolutionary understanding of modern chronic diseases 2019:3–10.

[3]         Archer E, Pavela G, Mcdonald S, Lavie CJ, Hill JO, Morris BJ. Cell-Specific “ Competition for Calories ” Drives Asymmetric Nutrient-Energy Partitioning , Obesity , and Metabolic Diseases in Human and Non-human Animals 2018;9:1–22. doi:10.3389/fphys.2018.01053.

[4]         Pedersen BK. Muscle as a Secretory Organ. Compr. Physiol., vol. 3, Hoboken, NJ, USA: John Wiley & Sons, Inc.; 2013, p. 1337–62. doi:10.1002/cphy.c120033.

[5]         Pruimboom L, Muskiet FAJ. Intermittent living ; the use of ancient challenges as a vaccine against the deleterious e ff ects of modern life – A hypothesis. Med Hypotheses 2018;120:28–42. doi:10.1016/j.mehy.2018.08.002.

[6]         Pruimboom L, Ruiz-núñez B, Raison CL, Muskiet FAJ. Influence of a 10-Day Mimic of Our Ancient Lifestyle on Anthropometrics and Parameters of Metabolism and Inflammation : The ( Study of Origin ) 2016;2016:11–8.

Entrenamiento Funcional en Diabetes Tipo 2

Entrenamiento Funcional en Diabetes Tipo 2

De todos es sabido los beneficios de la actividad física y el entrenamiento en el estado de salud de las personas especialmente en aquellas que sufren de algún desorden o trastorno relacionado, o que puede afectar, con peso o el metabolismo (como la diabetes tipo 2), aunque sigue habiendo cierta desconfianza con los protocolos o técnicas de trabajo de alta intensidad.

Pues bien, recientemente se ha llevado a cabo una investigación (Fealy, C. 2018) consistente en la aplicación de un programa de entrenamiento funcional bajo el formato de un entrenamiento interválico, HIT, en personas con sobrepeso/obesidad y diabetes tipo 2.

El programa de entrenamiento consistió en la realización de 3 sesiones de entrenamiento por semana durante un periodo de 6 semanas y se realizaron ejercicios funcionales a una intensidad mayor al 85% de la FCmáx (con su calentamiento y progresión) tales como:

  • Levantamientos.
  • Ejercicios gimnásticos.
  • Presses y pulles.
  • Ejercicios con anillas.
  • Saltos.
  • Ejercicios con autocarga.
Resultados (en personas con DB2 + sobrepeso/obesidad):
  • Incrementa la SENSIBILIDAD A LA INSULINA.
  • Reduce la masa grasa.
  • Mejora la presión sanguínea diastólica.
  • Reduce lípidos en sangre.
  • Incrementa la oxidación de grasas en reposo.
La actividad física es posiblemente el mejor controlador de la diabetes (insulina,glucosa…) así que, desde mi punto de vista, debería incluirse como parte de todo tratamiento o estrategia de control para las personas que la padecen.
Los resultados mostrados son similares a los obtenidos en entrenamientos tradicionales pero con un protocolo más eficiente (tiempo-esfuerzo), variado y divertido.
BIBLIOGRAFÍA
Fealy,C. et al. Functional High Intensity Exercise Training Ameliorates Insulin Resistance and Cardiometabolic Risk Factors in Type 2 Diabetes. Exp Physiol. 2018

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Con ilusión, constancia y esfuerzo, ¡TODO ES POSIBLE!

Miguel Barrios Lafragüeta

En Mtrena recomendamos la asesoría y la supervisión de un profesional de las ciencias de la salud y el deporte
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CHARLA NUTRICIÓN APLICADA A LA ESCALADA

CHARLA NUTRICIÓN APLICADA A LA ESCALADA

Buenas tardes, compañeros!

Nos complace mucho anunciar que el próximo Viernes día 1 de Junio de 2018, miembros y amigos del equipo de Mtrena, presentan e imparten una charla-taller sobre nutrición deportiva aplicada a la escalada.

Ponentes: JAVIER SÁNCHEZ GÁLVEZ Y RAÚL LUZÓN HERRANZ (Endivia Cocina, Vive!, Javier Sánchez.Dietista-Nutricionista, Raúl Luzón. Dietista-Nutricionista).

Se tratarán temas como:

  • Recomendaciones saludables y nutrición deportiva.
  • Nutrición como mecanismo para la mejora de la fuerza relativa (factor de rendimiento en la escalada).
  • Ayuno intermitente.
  • Dietas cetogénicas.
  • Paleodieta.
  • Otros temas abordados de manera breve.
  • Ronda de preguntas.

Esta charla tendrá lugar en las instalaciones del club de escalada “Los Mallos”, en Zaragoza (calle San Antonio Abad, número 53) y forma parte del acuerdo de colaboración entre Miguel Barrios y el club, por la cesión desinteresada del local y material para la elaboración de un proyecto de investigación, que contaremos más adelante en detalle.

¡NO TE LA PIERDAS! UNA CHARLA CON UNOS PONENTES TOP Y EN UN LUGAR SORPRENDENTE 🙂

+Info: info@mtrena.com,

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Técnicas de recuperación post-ejercicio: meta-análisis.

Técnicas de recuperación post-ejercicio: meta-análisis.

Una reciente revisión sistemática con meta-análisis publicada en Frontiers in Physiology (2018) analizó un total de 99 estudios realizados previamente sobre la efectividad de diferentes técnicas de recuperación del dolor muscular de aparición tardía ( las famosas “agujetas” o DOMS, para sus siglas en inglés), de la fatiga, el daño muscular y la inflamación después del ejercicio.

Las técnicas sobre las que se buscaron resultados fueron:

  • Recuperación activa.
  • Enfriamiento.
  • Masaje.
  • Prendas de compresión.
  • Electroestimulación.
  • Estiramiento.
  • Inmersión.
  • Crioterapia.

RESULTADOS

Los resultados del análisis estadístico, mostraron un efecto (de pequeño a grande) de disminución en la magnitud de DOMS y fatiga utilizando recuperación activa, masaje, prendas de compresión, inmersión, baños de contraste y crioterapia, siendo el masaje la técnica más efectiva.

En términos de daño muscular e inflamación, se observó una disminución moderada de la creatina kinasa y pequeña de la interleucina, siendo las técnicas más efectivas para lograr este efecto el masaje y la crioterapia.

CONCLUSIÓN

Conclusión: el masaje parece la técnica más efectiva (de entre las analizadas en este artículo) para lograr una óptima recuperación después del ejercicio.

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Miguel Barrios Lafragüeta

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IMPORTANCIA DE UNA ADECUADA MOVILIDAD ARTICULAR: PARTE I

IMPORTANCIA DE UNA ADECUADA MOVILIDAD ARTICULAR: PARTE I

Definición de movilidad articular

Se define a groso modo la movilidad articular, o amplitud de movimiento, como la valoración cuantitativa, en grados, del arco de movimiento de una determinada articulación al realizar un movimiento cualquiera o para conseguir una posición determinada (1). Ello va a estar, como es lógico, condicionado por las características estructurales de cada articulación, que determinarán los grados de libertad y por ende la posibilidad de movimiento (1).

Las estructuras articulares se encuentran formadas en un aspecto genérico por (Figura 1): elementos óseos (superficie, congruencia y plano de tratamiento*) (2,3); cartílago hialino (amortiguación y deslizamiento) (2); capsula y ligamentos (proporcionan estabilidad) (3); tejido muscular (capacidad contráctil y movilidad activa) y sistema musculo-tendinoso (capacidad elástica, rebote y absorción de impactos) (3); fascia (unidad y envoltura) (4). Por último se podría también tener en consideración a la piel, como última estructura de contención, aunque su función respecto a la articulación es mínima (1).

*Plano de tratamiento (Figura 2): permite solo los movimientos lineales sobre la sección cóncava de la articulación. Se define como el plano situado perpendicular a la parte más profunda de la superficie cóncava y el eje de rotación de la superficie convexa.

Los elementos morfológicos anteriores van a condicionar de manera intrínseca la cantidad de movimiento, distinguiéndose entre aquellas articulaciones que poseen un movimiento normal, en las que habría una homeostasis estructural, o aquellas con movimiento alterado: hipomóviles o hipermóviles, a consecuencia de un defecto o exceso de movimiento respectivamente (2).

De esta forma, la hipo e hipermovilidad pueden clasificarse en función de si el movimiento está ligera o considerablemente aumentando/disminuido hasta una anquilosis (sin movilidad) o una inestabilidad completa, para cada caso. Por lo que de cualquier manera, aunque de forma opuesta y diferente, ambos dos extremos van a conducir a la afectación de las actividades de la vida diaria (2,3).


Causas de la alteración del movimiento

La movilidad puede estar afectada ya sea de forma congénita (malformaciones, hipotonía, espasticidad, laxitud capsular y ligamentaria, etc.) o adquirida (accidentes, traumatismos, enfermedades, deportes, vida diaria, costumbres, etc.) (1).

La hipomovilidad, va a estar principalmente muy condicionada por los elementos óseos y cartilaginosos de la articulación, dado que la morfología de estos va a determinar en gran medida las posibilidades de movimiento articular (1,2). Así, la mala recuperación de una fractura, las procesos de resorción y creación de hueso, o las enfermedades óseas y articulares entre otras, van a conducir a procesos que de no actuar sobre ellos, limitarán la cantidad de movimiento articular (2,5).  De igual forma, los problemas que conduzcan a retracciones del tejido blando periarticular, ya sea capsular, ligamentario o muscular, también van a derivar en una reducción de la movilidad (2,3,5,6).

Respecto a ello, se considerarán como factores de riesgo para el desarrollo de hipomovilidad adquirida: la mala recuperación de las fracturas, la osteoporosis, y las enfermedades articulares (como causa y consecuencia), en el caso de las estructuras óseas y cartilaginosas (7). En relación a las derivadas de los tejidos blandos, los principales factores serán: la recuperación inadecuada de una lesión (ligamentaria, muscular, tendinosa), la repetición inapropiada de gestos y los movimientos en reducido rango articular (vida diaria, deporte, trabajo, etc.) (5,7).

Por último, mencionar el sedentarismo y la falta de movilidad diaria, como uno de los principales factores que conducen a la alteración de los elementos óseos y la retracción de los tejidos blandos articulares, retroalimentando un ciclo de inmovilidad como puede verse en la Figura 3 (8).

La hipermovilidad comúnmente tiene un origen genético, donde los individuos presentan una mayor laxitud capsular y ligamentosa, que les confiere unos rangos articulares mayores a los de la población normal (9). Por lo general el predominio es mayor en las mujeres (9). En la mayoría de los casos los sujetos hiperlaxos, no sufrirán síntomas musculo-esqueléticos, suponiendo incluso una cierta ventaja genética para ciertas actividades deportivas y artísticas (10).


¿Cómo puede afectar todo ello a la vida diaria?

Al igual que mencionó el famoso filósofo griego Aristóteles, la virtud reside en el término medio, por lo que todo en exceso o en defecto, por lo general resulta perjudicial.

En el caso del defecto de movimiento, la hipomovilidad, los sujetos van a encontrar en los casos más extremos muy limitadas sus actividades diarias (7). Dado que la falta de movimiento además les va a producir en general dolor, acompañado de deformidades, malestar psicológico (depresión), alteraciones de las estructuras colindantes por desuso e hipermovilidad secundaria compensatoria, es decir el aumento de movimiento de las articulaciones vecinas para suplir la carencia de la afecta (5,7, 11).

En cuanto a la hipermovilidad, su presencia relativa, no desmesurada, es incluso positiva o beneficiosa (10). Pero el exceso, va a conducir a subluxaciones o luxaciones articulares recidivantes ante determinados gestos, desgaste articular, alteraciones reumáticas e incluso en determinadas situaciones se ha relacionado con la fibromialgia (9). En edades más avanzadas, el desgaste articular que supone el exceso de movilidad a lo largo de la vida, suele derivar en reducciones del rango de movimiento, es decir en hipomovilidad (9).

Haciendo un sumario general, en esta entrada se ha definido de una forma genérica que es la movilidad articular, la composición estructural de las articulaciones, como puede verse alterada esta movilidad y como ello puede afectar a la calidad vida diaria de las personas a las que afecta.

En próximas entradas del blog se desarrollará como se puede valorar si la movilidad se encuentra aumentada o  disminuida y cómo prevenir y corregir a través del ejercicio terapéutico, la movilidad alterada.


Referencias

  1. Legaz Arrese A. Manual de entrenamiento deportivo. Badalona: Editorial Paidotribo; 2012.
  2. Schünke M, Schulte E, Schumacher U. Prometheus texto y atlas de anatomía.Tomo 1. 3ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana S. A.; 2015.
  3. Seco Calvo J. Métodos Específicos de Intervención en Fisioterapia. Madrid: Editorial Médica Panamericana S. A.; 2016.
  4. Myers TW. Vías anatómicas. meridianos miofaasciales para terapeutas manuales y del movimiento. 3ª ed. Barcelona: Elsevier España S.L.U.; 2014.
  5. Seco Calvo J. Afecciones Medicoquirúrgicas para Fisioterapeutas. Madrid: Editorial Médica Panamericana S. A.; 2017.
  6. Hainaut K. Introducción a la Biomecánica. Editorial Prayma.
  7. Pérez-Caballer AJ, De Pedro Moro JA. Patología del aparato locomotor en Ciencias de la Salud. Madrid: Editorial Médica Panamericana S. A.; 2004.
  8. Madreo González, MU. Actividades físicas para mantener la fuerza de los segmentos inferiores del adulto mayor sedentario de 60 a 65 años. [Trabajo Fin de Grado]. Guayaquil: Universidad de Guayaquil; 2017.
  9. Menéndez Alejo F, Martínez Rodriguez V, Mederos Oviedo A. La Hipermovilidad Articular en Consulta de Reumatología. RCuR. 1999;1(1): 32-35.
  10. Menéndez Alejo F. De la laxitud a la hipermovilidad articular. RCuR. 2005;7: 7-8.
  11. Albert i Sanchis JC, Boscá Gandía JJ. Association between cervical joint dysfunction and morphological changes in the cervical multifidus in patients with mechanical neck pain. Osteopatía Científica. 2008;3(1): 16-21.
  12. Argosy Medical Animation. Visible body: Discover human anatomy. New York: Argosy Publishing; 2007-2009. Recuperado de http://www.visiblebody.com

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